
Después de tomar un poco de coraje mi sobrino de diez años se animó a hacer una pregunta en la intimidad que genera la fogata del primer campamento de otoño en las sierras grandes, tres hombres mirando el fuego en silencio, escuchando el crepitar de la leña: Lautaro de ocho, Javier, el tío de treinta y nueve, y Matías, quien con un tono pausado y dubitativo, el que usan los que no están seguros de lo que van a decir, inquirió.
- Tio… ¿existirán Los Peques…?
Al finalizar la pregunta suspiró con cierta clase de alivio por haberse determinado a sacarse esa duda atravesada en la garganta, pero también con cierto recelo de ser objeto de burlas de su hermano menor, bastante más avispado por cierto, pero impoluta su ingenuidad todavía, si bien sus oídos se acercaron levemente hacia lo que yo tenía para decir mientras los tres seguíamos mirando el fuego, Lautaro no emitió ni el más mínimo gesto reprobatorio ante el calibre de esta pregunta que seguramente generaría la burla generalizada en la turba de párvulos colegiales que se ufanan de estar cada vez más y más despiertos a medida que se adormecen adiestrándose en la lógica del pensamiento adulto.
- Supongo que sí che. Yo no ví ninguno todavía.
Los tres seguimos mirando el fuego en silencio, ellos, satisfechos de saber que sus presunciones podían ser ciertas (ahora la intriga se reducía solo a saber por qué aún no los habían visto), yo, satisfecho de que las mías también...
Luego de unos segundos Lautaro sentenció.
- Es que deben ser muy chiquitos, por eso


2 comentarios:
Mas vale que existen los peques !!!! Que bueno que le diste esa respuesta al niño, porque te aseguro que existen.
Muy Bueno el comentario.
Besos
MAriela Díaz?
A ver si tomamos un algo
Abrazo
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