
Los compañeros de la oficina conforman una familia disfuncional en la que resentimientos de vieja data conviven con promesas de un mejor porvenir, y nunca se reconcilian ese pasado ya inexistente (pero cincelado a martillazos en las cabezas duras), con ese porvenir que siempre está por venir, y nunca llega.
La oficina al fin y al cabo es un espacio familiar, uno pasa más horas con los compañeros del trabajo que con la propia parentela, y padece los “períodos” de las compañeras, como asimismo se beneficia cuando le cumplieron el débito conyugal y la subsiguiente alegría mañanera. El deporte preferido de los varones no nos deja muy atrás en el paisaje patético cotidiano, las peleas por ver quien mea más lejos están a la orden del día, y si encima desde la jefatura fomentan la alcahuetería… bué, lo de viejas chusmas no es tan de viejas sino de toda la planta masculina y femenina.
La oficina desvía el foco de atención de las metas propuestas, el devenir cotidiano con sus urgencias ajenas absorben la energía que debiera ser depositada en los objetivos personales y las canciones que esperan ser escritas cuando los tiempos lo permitan, pero la oficina te chupa la voluntad de empuñar la lapicera, o de entonar aquellos versos que tintinean en el inconsciente con cada paso que das yendo al lugar de trabajo cada mañana, cada día, cada puta semana.
La oficina te da la moneda, por eso vas, y sin esa moneda no tenés para pagar el alquiler y la tarjeta, y si no fuera por los centavos que te quedan no podrías siquiera sentarte a escribir sobre estas miserias que te pasan a vos, laburante jodido por el “sistema”, con ansias de poeta, entomólogo de la conducta humana que te encanta escribir sobre lo que observás, la vida cotidiana, esa vida detestada que transitás un poco en duermevela, pero cuando te despertás la tenés ahí servida en bandeja, a simple vista, al frente tuyo, la VIDA tal y como la vive el común de los mortales, con sus maravillas y miserias, el material en bruto que espera ser pulido por tus palabras que aspiran a sacarle lustre a todo ese barro que construye la quintaesencia humana, la pelea por el mango cotidiano y las consecuencias que ello acarrea; si no fuera por ese clima de mierda que tenés que respirar no tendrías material para tus textos pedantes y altaneros que desprestigian a los humanos, como si nadie hubiera escrito sobre eso… pichi engreído con complejo de aristócrata en decadencia, tu viejo es un laburante, vos sos un laburante, tu formación universitaria no te garantiza nada de nada, demasiado que el estado te educó gratuitamente como para que encima le exijas que te brinde un buen pasar económico y jornales más acordes a tus pretensiones de consumidor ABC1, esos que denostas diciendo que llenan su vacío comprando cosas materiales porque no pueden dimensionar en su justa medida lo que verdaderamente importa, mentiroso resentido envidioso del orto, no podés con tu genio y menospreciás el bienestar ajeno porque no podés financiar al sibarita que desplegarías, las cosas son así, una bosta, los que tienen de siempre son los que tienen ahora y tendrán mañana (si la cuidan bien…ojo muchachos), y los que en la lotería nos salió ser laburantes tenemos que adecuarnos a lo que nos tocó y obrar en consecuencia, laburar como se nos manda (mejor si podemos laburar menos de los que nos mandan), cobrar a fin de mes, pagar las cuentas, y con el resto de las monedas y del tiempo libre que nos queda tratar de concretar los sueños que mejor nos quepan, y conformarse con ello, en una de esas hasta alguna que otra vez nos paguen algo de plata, ojo con eso, producir pero con un ojo abierto a ver de dónde sale el cospel que los subsidiantes ofertan en el mercado para construír los productos culturales que le sean funcionales a los verdaderos dueños de los fondos de donde los subsidios manan, fondos estatales que pugnan por productos culturales bienpensantes (en estos tiempos bien de izquierda), o capitales europeos que aspiran a limpiarse la culpa del maltrato que sus antepasados prodigaron al aborigen financiando documentales etnolatinoamericanistas.
Esto aprendo pispeando en el servicio de Internet que la oficina paga.
Mi oficina no es para cualquiera.
Allí me tocó aprender demasiado, sobre lo bueno y lo malo.
Es tiempo de ponerlo en guiones ensalzando las maravillas y riéndome de las miserias, propias y ajenas.
Sin prejuicios maniqueos.
Sin quejas lastimeras.
PD: igual, en términos psicoanalíticos, el “espacio fantasmático” que he construído en torno a mi oficina será destruído en un mediano plazo, restan tres años y medio para mi “retiro” con un par de monedas, el otro par que necesito para vivir espero generarlo con la abogacía y/o laburando en publi, ésto lo escribo para apuntalar la supervivencia en lo que hoy por hoy me emplea (al menos tengo fecha de entrega)


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