
Del cine no se vive, se muere.
Pero bien vale la pena morirse así, viviendo por y para algo que te hace vibrar las cuerdas internas, que te insufla el aire vivificador, y en el mejor de los casos, uno se convierte en un instrumento de viento a través del cual al hálito vital se convierte en música eterna (eterna al menos mientras dura el aire…).
El cine no es un negocio, no es una empresa, no es una actividad comercial (al menos en esta parte del mundo).
Y ya saldrán los noveles aspirantes a productores que refuten estos dichos acusándome de nihilista incendiario.
Y los comprendo, a nadie le gusta creer que sus elecciones son una bosta.
La producción incaaica de cine de vez en cuando una moneda deja, claro está, pero de ahí a que uno pretenda hacer de eso la actividad central con la cual sustentar económicamente el paso por esta vida… eso solo pueden hacerlo niños bien cuyos padres les solventan el delirio artístico al loco lindo de la familia, al “artista” de un clan que tiene resuelto el tema vivienda para cada uno de sus vástagos, los laburantes peatones que de los padres solo heredamos enfermedades genéticas tenemos una hercúlea tarea al tener que laburar de lo que sea para en los ratos libres agarrar una camarita y plasmar en bits las imágenes que en afiebrados sueños sobrevuelan nuestras (cuasi)enajenadas cabezas, imágenes que pugnan por ser impresas aunque sea en mini dv, que sigue siendo un buen formato, qué tanto.
El cine es una actividad ingrata, exigente, y por sobre todo, onerosa, si el ingenuo aspirante a director no está dispuesto a apostar unos buenos morlacos en el desarrollo de su proyecto, más vale que se deje de perder el tiempo y se reconcilie con la idea de ser un novelista maldito y listo, para escribir no hace falta plata, pero para empezar a soñar con un set de filmación activado por una narración propia, en ese caso consideremos en poner plata, que al fin y al cabo es el motor del cine, la plata, sin eso no hay nada, y después por supuesto hablaremos de ideas, de guiones, tratamientos, story board, códigos actorales, estéticas, motivaciones, gráficas, y ñoñadas varias, pero sin plata no podemos hablar de presupuestos, realización de teasers, búsqueda de avales, envíos a convocatorias, honorarios a diseñadores y editores, impresiones de carpetas, servicio de Internet, gastos de teléfono, movilidad, y duras realidades varias. Las cuales hay que pagar. O pedir favores, que al final es lo que uno mayormente termina haciendo, pero anda a decirle al Correo que no te cobre el envío, o a la imprenta que no te cobre la carpeta, o pedir nafta gratis, o que don Neyra te financie la pila de DVD y CD que te piden en la infinidad de festivales y convocatorias a las que un productor aplicado manda su anhelante proyecto.
Con casi 40 años a veces tengo la sensación que la inversión que he realizado en mí y en mis intenciones expresivas, ya sean actorales o autorales, todo ese cúmulo de energía puesto en formarme en las diversas técnicas de la expresión artística, todas esas monedas que pagaron talleres cursos y seminarios, todos los viajes para cultivarme, las escasas clases de inglés, todo ese tiempo que no estuve generando dinero para comprarme una casa, a veces pienso que toda esa gran apuesta en mí mismo, al fin y al cabo, fue una mala inversión.
En términos estrictamente monetarios puedo dar fe de ello. Mis compañeros del aeropuerto (que ganaban mas o menos lo mismo que yo), quien mas, quien menos, han podido hacerse de una casita (los que ahorraban y generaban algunos cospeles por otro lado mayormente). Las comparaciones son odiosas, claro que sí, porque cuando las variables son exactas dicen la más pura verdad. La verdad es odiosa.
No sé, a veces como que me siento el hijo pródigo que malgastó su herencia (en mi caso sería mi fuerza laboral de la juventud, que es cuando más energías tenés), o como esa otra parábola de los talentos, a mí me dieron algunos que otros talentos y no pude hacerlos fructificar económicamente.
Algunos gansos dirán que la prosperidad no se mide solo en términos económicos, que lo que importa es cómo uno enriquece el alma, a todos ustedes, vayanse a cagar, si mi alma es rica, entonces cuando me coman los piojos me la voy a lastrar, tan rica que debe ser…
Y todas estas reflexiones bajoneantes no me deprimen, eso es lo raro. Me planchan un poco, me aflojan las piernas, eso sí, y por unos días largo lo que estoy haciendo para detenerme a pensar si tiene sentido seguir presentando carpetas al Incaa, laburando como un pelotudo sin saber si lo que hago me va a llevar a algún lado en algún momento, y si cuando llegue ese momento, si es que llega, redundará en bienestar económico, o si como voy viendo que la están pasando los tres proyectos que ganamos el “Gleyzer cordobés” (dije ganamos, más allá de que me bajaron del carro de la victoria pude saborear por un tiempo la satisfacción del trabajo bien hecho – y por qué no decirlo, el ego se pegó un gustazo mire vea), estos proyectos transitan otra instancia llena de problemas de financiamiento que no les permiten relajar un poco y gozar de haber tocado el cielo con las manos, el cielo de los que pudieron hacer su primera película, el cielo de los que “llegaron”, juas…
Se acabó tu película, la cual generalmente no le importará más que a tus amigos, tu familia, los actores, los técnicos, las familias y amigos de los actores y técnicos, y pará de contar, a nadie le interesa un sorete tu película, aspirante a director estrella, la hiciste para hacerte una big fucking paja con tus pretensiones artísticas y/o de fama (cada cual suscribirá lo que corresponda).
Releo todo esto y me pregunto si realmente creo que pueda algún día vivir del cine.
No lo creo, por eso empiezo a considerar en desarrollar mi título de abogado, y en el camino tratar de hacer algo de cine. Qué le vamos a hacer, me tocó que me guste esto.
A pesar de este ridículo panorama, en el cual me encuentro muy dentro del riñón del mismo, a pesar de todas estas sandeces casi sin remedio al vivir fuera de la megalópolis que concentra la producción audiovisual de este país, incluso con cierto temor en virtud a lo patológicamente tozudo que puedo llegar a ser, repito esto que le robé no sé a quién: del cine no se vive, el cine es una forma de vida.


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