Espacio dedicado a mi pulsión cuasi onanista de expresar con palabras el exceso de conciencia de mí mismo que padezco. Y otras yerbas

lunes, 29 de noviembre de 2010

Crisis de los 40 - DEBE


La idea de solventar el hasta por ahora único “debe” que despertó mi crisis de los 40 me ha generado una serie de replanteos muy intensos y profundos.
Elegir dónde me quiero comprar mi casa (con el poco dinero que puedo tomar del sistema crediticio), me ha llevado a considerar que debo salir de la ciudad de Córdoba y marchar hacia el conurbano cordobés, con la consiguiente distancia y lejanía del centro de la movida cultural, ese “medio” donde circula “la gente del palo” con la cual te identificás a pesar de que más de uno te parezca un poco imbécil (en realidad ese “otro” no hace más que reflejar un tanto la propia imbecilidad).
ODIO MANEJAR, y eso es lo que más me aterra de vivir lejos. El tema no es ir al laburo, al menos por estos tres años que quedan para retirarme del aeropuerto tardaría casi lo mismo que tarda alguien de algún barrio de Córdoba (oblando los 90 pesitos que me sale el peaje, of course), el tema es de qué voy a vivir cuando me retire, y mis posibilidades más inmediatas son la abogacía o la publicidad, y ambas se desarrollan en la ciudad…
Por otro lado está el tema de hacer cursos, o salidas que me interesan de la ciudad, pero buen, supongo que un taller de una vez a la semana no es mayor complicación, puedo tirar mis huesos en lo de mi chica alguna que otra noche que vayamos a ver una obra o algún día de semana.

TENGO MIEDO AL FRÍO. Detalle mayor al no haber gas natural para aquellos lares, y viviendo solo llegás a tu casa y es todo un laburo calefaccionarla para vos solito, mi alma, aparte de ser un gastadero de guita.

LA SOLEDAD me desbalancea un tanto ya en la misma Córdoba, temo que se agudice yéndome a vivir a un lugar adonde nadie iría a visitarme salvo honrosas excepciones.
Mi vida social se ha reducido drásticamente en los últimos tiempos (los amigos de siempre siguen estando, pero nos vemos menos, la irrupción de los hijos principalmente son la causa de sus deserciones etílicas), por eso valoro mucho el hecho que actualmente estoy en pareja, ésto satisface mi necesidad de alteridad, como asimismo también le estoy dando un poco más de bola a la vida familiar. Buen, el punto es que temo que encima de que tengo poca vida social, el señor se raja a la montaña y empeora las condiciones objetivas del poco impulso que podrían juntar los amigos para ir a visitarlo, a mí, no sé porque estoy hablando de mí en tercera persona.

Cuando estoy desarrollando un proyecto o escribiendo un guión me abstraigo y el tiempo pasa volando, la vista hermosa de la casita con la vista hermosa favorecería el cuelgue creativo y/o hasta el meditativo (flasheo cuasi-místicamente cuando mis razonamientos se extravían con la mirada en lontananza), pero el tema se complica cuando me bajo del caballo del “creador” y me conecto con el ciudadano pedestre común y silvestre que de repente se antoja de tomar un helado Creambury y ver pasar gente de colores por la avenida, suena a demasiada frivolidad, ya lo sé, pero me pasa de a ratos, me harto del silencio y el encierro y quiero ver pasar chicas lindas, ni para torearlas siquiera, solo para recrear la vista, ver un poco de luces, escuchar un poco de ruido, esas condiciones incluso ayudan a valorar aún más un cielo estrellado y grillos en la noche, pero si no alterno un poco los grillos comienzan a sonar atronadores, el cielo se pone demasiado oscuro y las gentes locales demasiado grises, me pasó algo parecido a lo que cuento cuando viví en Bariloche, vivía en un barrio retirado del centro con un bosque a cinco cuadras (precioso), llegué allí sin conocer a nadie, pero tuve la increíble suerte de contar con un compañero de alquiler que llegó en las mismas condiciones que yo y que teníamos muchísimas afinidades, luego de aprovechar la tarde solo en la casa al volver del trabajo, habiendo leído o escrito algo que quería, llegaba el Santi y se armaba una onda con la comida y a veces pintaba película, parecíamos una parejita gay… juas
¡Qué suerte que tuve de atinarle con el compañero de casa!
Ya luego una señorita pasó a ocupar mi tiempo y la cosa se puso más interesante, pero bueno, el punto es que demasiada soledad no es buena para nadie, ni siquiera para mí, que ando promocionándome por ahí como lobo estepario… po favooo, soy un tipo tirando a solitario, pero eso era cuando me la pasaba saltando de flor en flor estudiando las diversas disciplinas artísticas que suponía yo iban a saciar mi hambre de expresarme artísticamente (al menos hoy ya manejo torpemente algunas técnicas, pero aún falta el proceso de madurar esos conocimientos aislados que pugnan por vincularse entre sí para llegar a conclusiones autodidactas) digo, el punto es que mi mente y mis energías ya no necesitan taaaanto tiempo de estar rodeado de gente que quiere estar sola consigo misma y su “artista” interno, a esta altura aprendí a conectarme más eficaz y rápidamente con mis instancias creativas, y cuando salgo de ese páramo solitario en el que se aíslan los creadores, quiero bajar rápidamente al valle con río y pasto y ponerme a jugar con los bufones, no soy un artista maldito, solo pretendo escribir cosas que me pasan y tratar de lograr empatía con quien lo lee, no más que eso, si hasta he aprendido a valorar una charla estúpida sobre Tinelli y la mole Moli cuando quien te larga esas líneas de texto te está tirando buena onda con su modo posible de relacionarse.
No sé, muchas variables, pocas certezas. La principal es que quiero un lugar verde

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