
Hoy removi una planta de mi nueva casa que había quedado del anterior inquilino, estaba en una maceta grande.
Le di una oportunidad, le saqué las hojas secas, le agregué tierra, la regué como a las plantas que traje conmigo, pero siguió mustia.
Para darle más espacio a las mías (que se expanden hasta donde las dejan sus macetas) removí esa planta, y escarbando me encontré con que bajo la superficie eran puras raíces gordas, poderosas, voraces, que no dejaban nutrirse a sus hojas, mucho menos florecer.
En su lugar puse una saludable crasa, de esas que prenden de nada, que necesitan poca agua y crecen con ganas, sus hojas parecen flores, y las raíces, adonde va la planta, la acompañan ligera de carga.
Las raíces a las que uno pertenece son fundamentales, pero no hay que dejarlas que se coman los nutrientes que necesitamos para crecer y desarrollarnos.


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