
Esa intensidad que arroba al intrépido que se envalentona y se lanza al agujero negro de la pasión, ese ímpetu, ese ardor que te convence desde la médula que ese otro yo te completa, te hace sentir mejor persona, te saca del propio pupo en el que te estabas mirando y levantás la vista y allí está ELLA, “the one”, la elegida, la que tiene que ser, la que movilizó en tu interior cosas que nunca antes habías sentido (¿sobre vos mismo?), ese enamoramiento (ojo, no el que te llena de mariposas en la panza, estoy hablando del que te mete la mano por el culo y te da vuelta como una media), es patológico.
Y uno se convierte en un enfermo morboso que se tira de panza contra las lanzas retorcidas que no tardan en aparecer, de un lado y del otro, “vení que te quiero abrazar hasta fundirme en vos y te aprieto entre mis brazos y mis piernas mientras tus espinas venenosas me atraviesan y de paso sufro por ello, si es tan lindo sufrir por amor… el amor es lo más importante en la vida, y hay que sacrificar TODO en pos de ello, incluso la propia individualidad y entregarse plenamente” (y tomar TODO del otro, descubro yo leyendo el subtexto una vez que fui saqueado en mi estúpida y codiciosa ignorancia)
Ese enamoramiento, es patológico.
Lo bueno del asunto es que después de eso no te queda otra que aprender algo sobre vos mismo, si aspirás a madurar y vincularte con frescura, con simpleza, con respeto por el otro, con respeto por la vida, solo en ese caso, el delirio y el morbo pasan, y el tablero queda limpio para aprender a convivir y sentir de otra manera, con un espíritu constructivo, vital, que genere una retroalimentación en vez de un devoramiento recíproco, una forma de vincularse que sin ninguna duda también acarrea pérdidas, llantos y replanteos, pero que en nada se parece a esa enfermedad posesiva que engulle y pretende metamorfosear almas limando las aristas personales del otro en vez de amoldarse a sus particularidades, respetando sus ciclos pacientemente hasta tanto las cargas se acomoden de un modo armonioso, gentil, dejando ser en sus propios tiempos la evolución de quien eligió acompañarte durante el lapso de vida que ambos escogen transitar juntos.
El amor, supongo, es otra cosa.
Tampoco creo se trate de coescribir un manual de instrucciones de convivencia con alguien que se ate a reglas asépticas, ni pretender vínculos esterilizados, no le temo al barro de mis lados oscuros ni a los fantasmas de quien tengo al lado, comprendo y hasta casi que me divierten la ambigüedad, la paradoja, la contradicción, y hasta una espontánea traición de pactos que justamente nacen para dejar de existir en algún momento determinado, somos seres humanos… pero necesito tranquilidad y atención a lo que está pasando, no a lo que tendría que ser, y para percibir de veras al otro hay que salirse un rato de los conceptos de los que cada cual se aferra para no sucumbir a la angustia existencial y pararse al lado, dar un abrazo, muy largo, y seguir de la mano, guisando arrroz, tomando mate, mirando pelis, durmiendo un rato, en el día a día, así como suena, construyendo una cadenciosa rutina.
¿Y cómo convivo con esta nostalgia del ski fuera de pista, en nieve blanda y casi fuera de control? ¿Podré vincularme de una manera madura sin la necesidad de esa patada de búfalo en el pecho que te deja flotando en poéticas nubes de expectaciones, idealizaciones y deslumbramientos flasheros que ciegan los ojos haciéndote ver lo que uno desea ver? Y encima cada loco que se pone en poeta lo ornamenta con los aromas, los sabores, las melodías y los colores que desea ver en base a sus carencias y necesidades y la pelota de nieve se hace graaaaande, demasiado grande (bloody poetry)
Está sobrevaluado ese enamoramiento.
El amor, ¿le llega a todo el mundo?


3 comentarios:
…¿Cómo hacer para escribir si no es sobre lo que no se sabe, o lo que se sabe mal?
Sepan disculpar los eruditos en el amor
Es como el dilema entre un amor sereno y tranquilo, o el que todo arraza y parece mas real (que en verdad se basa en deseos irreales propios).
Creo que la otra persona puede ser la misma, el tema es como uno se lo tome. Creo que es malo dramatizar, y pensar que eso es vivir con pasión... Si igualmente aunque no flasheemos ni nos undamos en la melancolia romantica, cuando el otro está al lado, nos derretimos en los dos casos, eso es lo importante!
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