La urgencia por tener criaturas en derredor (tan propia de treintañeros procreadores), tiene su razón de ser en la nostalgia por la inocencia perdida; necesitamos que nos ronde cerca esa fuente primigenia de encanto e ilusión, de espontaneidad, de fe (¡qué lindo que fué creer en los reyes magos!).
Qué buen invento los sobrinos...
Hace 16 años


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