Espacio dedicado a mi pulsión cuasi onanista de expresar con palabras el exceso de conciencia de mí mismo que padezco. Y otras yerbas

lunes, 25 de mayo de 2009

adicciones


Si a House le sacan el Vicodin éste sufre, patalea, pero no da el brazo a torcer, aún a costa de perder la libertad yendo a prisión se aferra a su adicción con (“¿pasion?”) vehemencia, pero cuando se da cuenta que si no renuncia a esa sustancia puede perder su licencia profesional y con ello la posibilidad de diagnosticar, entonces todo adquiere su verdadera dimensión: perdería la única adicción que lo mantiene vivo, la que lo entretiene ofreciéndole puzzles en los cuales despachar a gusto su obsesividad, sus razonamientos lógicos y enrroscados, la vida, tal cual él la ve, carecería del único sentido posible, la adicción basal, la que te mantiene atado a esta existencia y que nos inhibe de salir a buscar otra cruzando el umbral que nos separe de todo este sinsentido.

¿Me bajonea darme cuenta que mi “vocación” no es más que una mera adicción?
Pobre de mí…
Tendría que estar al menos agradecido de tener una adicción credora y no autodestructiva como tant@s que conozco.

Vamos, vamos, que voy a ser un buen chico e iré por mis drogas narrativas y actorales.

Lo bueno de los años es que he aprendido a reconocer los vicios que me hacen bien.

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