
Hay etapas de la vida en las que las cosas parecen querer acomodarse a nuestro favor y no nos piden permiso para ello.
Cuando bajé los brazos cansado de tanto remarla, en ese preciso estadio en el que estaba aprendiendo a disfrutar las pequeñas delicias de una maravillosa vida cotidiana (¡hasta pareja incluída tenía!), las fuerzas cósmicas se alinearon acorde con lo diligenciado por este voluntarioso escriba, y de un patadón en el tujes me revolearon pa Córdoba y me pusieron en la loca carrera de estar participando en el rodaje de dos largometrajes con presupuesto INCAA.
¡En uno de ellos como productor ejecutivo!
Un desgaste de proporciones descomunales.
Sarna con gusto no pica dicen aquellos que no tienen la más puta idea de lo que es la sarna.
Y mi maravillosa vida cotidiana se convirtió en una maravillosa vida extraordinaria.
El problema es que no estaba preparado para ello.
Nadie está preparado para lo extraordinario.
Cuando juego al T.E.G., independientemente del objetivo que debo cumplir, y si el azar me colocó en una posición favorable, mi primera estrategia es conquistar África, este continente tiene puentes hacia Sudamérica, Europa, y Asia. Conquistar África me insume demasiadas fichas generalmente, pero hago el esfuerzo si no encuentro demasiada oposición a mis planes continentales de ganarme tres fichas extras por cada vuelta. Cuando llega la hora de desangrarme en pos de mi objetivo, tengo mis fichitas puestas exactamente donde deben estar para poder concretar mis planes.
La producción no es el área en la que me quiero desarrollar, pero es la que está dando un panorama bastante acabado de cómo funciona esta perversa subindustria incaaica, para de ese modo gestionar más eficientemente mis propios proyectos cuando llegue la hora de encauzarlos (entre otras cosas me resta aprender a mover la cámara, y desarrollar los guiones, no es lo mismo un guión para un corto que para un largo, son otros los ritmos).
Mi bella vida extraordinaria descatangó cierta placidez en la mirada que venía cultivando, ando demasiado ocupado aprendiendo todo el tiempo y preocupado porque el equipo tenga lo necesario para desarrollar sus capacidades. Ritmos ajustados, horas de sueño acotadas, poca paciencia comprensible y generalizada, todo ello atenta contra el buen vivir que me he fijado como antídoto a la Nada.
Vida puerca la del cine.
Meses, años de pedir la pelota, y cuando te la dan todo se precipita nublándote la mirada...
OINK! OINK!
(Sarna con gusto no pica)
PD: También me gusta conquistar Kamchatka, por gusto nomás
Cuando bajé los brazos cansado de tanto remarla, en ese preciso estadio en el que estaba aprendiendo a disfrutar las pequeñas delicias de una maravillosa vida cotidiana (¡hasta pareja incluída tenía!), las fuerzas cósmicas se alinearon acorde con lo diligenciado por este voluntarioso escriba, y de un patadón en el tujes me revolearon pa Córdoba y me pusieron en la loca carrera de estar participando en el rodaje de dos largometrajes con presupuesto INCAA.
¡En uno de ellos como productor ejecutivo!
Un desgaste de proporciones descomunales.
Sarna con gusto no pica dicen aquellos que no tienen la más puta idea de lo que es la sarna.
Y mi maravillosa vida cotidiana se convirtió en una maravillosa vida extraordinaria.
El problema es que no estaba preparado para ello.
Nadie está preparado para lo extraordinario.
Cuando juego al T.E.G., independientemente del objetivo que debo cumplir, y si el azar me colocó en una posición favorable, mi primera estrategia es conquistar África, este continente tiene puentes hacia Sudamérica, Europa, y Asia. Conquistar África me insume demasiadas fichas generalmente, pero hago el esfuerzo si no encuentro demasiada oposición a mis planes continentales de ganarme tres fichas extras por cada vuelta. Cuando llega la hora de desangrarme en pos de mi objetivo, tengo mis fichitas puestas exactamente donde deben estar para poder concretar mis planes.
La producción no es el área en la que me quiero desarrollar, pero es la que está dando un panorama bastante acabado de cómo funciona esta perversa subindustria incaaica, para de ese modo gestionar más eficientemente mis propios proyectos cuando llegue la hora de encauzarlos (entre otras cosas me resta aprender a mover la cámara, y desarrollar los guiones, no es lo mismo un guión para un corto que para un largo, son otros los ritmos).
Mi bella vida extraordinaria descatangó cierta placidez en la mirada que venía cultivando, ando demasiado ocupado aprendiendo todo el tiempo y preocupado porque el equipo tenga lo necesario para desarrollar sus capacidades. Ritmos ajustados, horas de sueño acotadas, poca paciencia comprensible y generalizada, todo ello atenta contra el buen vivir que me he fijado como antídoto a la Nada.
Vida puerca la del cine.
Meses, años de pedir la pelota, y cuando te la dan todo se precipita nublándote la mirada...
OINK! OINK!
(Sarna con gusto no pica)
PD: También me gusta conquistar Kamchatka, por gusto nomás


No hay comentarios:
Publicar un comentario