
(¿Alguien sabe por qué Terry Gillian tituló así su maravillosa película?)
Voy a empezar desde mi lugar sagrado: la panza.
Brasil es feijao, como los frijoles mexicanos, junto con el arroz blanco, presentes en cada plato. El olor a ajo sobrevuela en cada hornalla encendida, se come pesado.
Brasil son sucos naturais, mi delicia preferida: abacaxi, manga, maracuyá, cajú, goiaba, acerola, laranja, papaya…
Brasil es cerveija, cerveija, e mais cerveija.
Brasil es simpatía, risas en las caras (bueno, no pudo obviar la cara de ocote paulista un día de semana travalhando a lo louco, pero San Pablo es tan solo UNA ciudad).
Brasil es samba. Todo es samba. Un sábado a las cinco de la tarde en un barrio algo así como Palermo me prendí en un bar lleno de paulistas pachangueros bailando samba dentro y fuera del bar, ¡en la vereda!, CINCO DE LA TARDE dije (¿llegarán la noche con toda la cerveija ingerida?). Un jueves a la noche la cita obligada es en el Bar do Alemao, ¡músicos de la hostia!, viejitos noctámbulos, jóvenes amantes de su cultura, dulcísimas cantantes que hechizan con el embrujo de la samba, las patitas se mueven solas y en menos de una cachaça uno ya se encuentra bailando. Un país que baila es un país hermano. Todo es samba salvo el forrò (ocasión para bailar apretaditos)(¡que vuelvan los lentos!), el chorinho (Hermeto Pascoal coqueteó por este ritmo que suena a jazz por sus juegos de improvisación), y también aprendí a diferenciar el sertaneijo (folklore del sur, ver “Dois filios de Francisco”).
Voy a empezar desde mi lugar sagrado: la panza.
Brasil es feijao, como los frijoles mexicanos, junto con el arroz blanco, presentes en cada plato. El olor a ajo sobrevuela en cada hornalla encendida, se come pesado.
Brasil son sucos naturais, mi delicia preferida: abacaxi, manga, maracuyá, cajú, goiaba, acerola, laranja, papaya…
Brasil es cerveija, cerveija, e mais cerveija.
Brasil es simpatía, risas en las caras (bueno, no pudo obviar la cara de ocote paulista un día de semana travalhando a lo louco, pero San Pablo es tan solo UNA ciudad).
Brasil es samba. Todo es samba. Un sábado a las cinco de la tarde en un barrio algo así como Palermo me prendí en un bar lleno de paulistas pachangueros bailando samba dentro y fuera del bar, ¡en la vereda!, CINCO DE LA TARDE dije (¿llegarán la noche con toda la cerveija ingerida?). Un jueves a la noche la cita obligada es en el Bar do Alemao, ¡músicos de la hostia!, viejitos noctámbulos, jóvenes amantes de su cultura, dulcísimas cantantes que hechizan con el embrujo de la samba, las patitas se mueven solas y en menos de una cachaça uno ya se encuentra bailando. Un país que baila es un país hermano. Todo es samba salvo el forrò (ocasión para bailar apretaditos)(¡que vuelvan los lentos!), el chorinho (Hermeto Pascoal coqueteó por este ritmo que suena a jazz por sus juegos de improvisación), y también aprendí a diferenciar el sertaneijo (folklore del sur, ver “Dois filios de Francisco”).
Cuando una brasileña baila samba sus pies se baten como las alas de un colibrí que las sustentan en el aire, flotan con alegría en la cara, cuando es una extranjera hot la que baila, ésta se contonea sensualmente al ritmo de una anguila en celo, la brasileña sabe que los hombres la miran, pero ese no es su motivo para bailar, baila porque es libre y en esa danza es plena, la hot histeriquea ostentando una libertad de chica superpoderosa (que anhela).
Claro que no todos corren las mesas para bailar, amargos hay en todos lados, pero los amargos de acá al menos menean la cabeza al son del son, los amargos de acá matan con tan solo un beso a los diabéticos de cualquier lado.
El verbo ficar se usa para todo.
Las chinelas Hawaianas con la banderita de Brasil hacen roncha en la praia.
El caldo da cana (jugo de caña de azúcar), el coco gelato, las palmeras, la mata atlántica, la Assembleia de Deus, el café pequeñito y fuerte, los copinhos de cerveija chiquititos chiquititos para que no tenga tiempo de calentarse.
Brasil no es Carmen Miranda y su sombrero de ananá y frutas variadas, no se dice "mais grande", no es los bombones Garotos, ni gente vestida de blanco tirándose al mar en Año Nuevo (bueno, eso sí pasa en el Nordeste, pero no por estos lados) (es que Brasil es varios países en uno).
El verbo ficar se usa para todo.
Las chinelas Hawaianas con la banderita de Brasil hacen roncha en la praia.
El caldo da cana (jugo de caña de azúcar), el coco gelato, las palmeras, la mata atlántica, la Assembleia de Deus, el café pequeñito y fuerte, los copinhos de cerveija chiquititos chiquititos para que no tenga tiempo de calentarse.
Brasil no es Carmen Miranda y su sombrero de ananá y frutas variadas, no se dice "mais grande", no es los bombones Garotos, ni gente vestida de blanco tirándose al mar en Año Nuevo (bueno, eso sí pasa en el Nordeste, pero no por estos lados) (es que Brasil es varios países en uno).
Por ahora éstas son las superficiales impresiones turísticas que me tocó conocer.
Y por supuesto, señoras y señores, Brasil es saudade, mi palabra-expresión favorita, aún más que el simpático tudo bem, porque los brasileños no son marcianos, también tienen tristezas y penas, no tienen membresía vitalicia en el club de la alegría, también sufren porque se desilusionan, o porque extrañan a alguien que no está cerca, pero en vez de deprimirse lo que hacen es mandarse una cachacinha, evocando esa ausencia, homenajeándola trago a trago, haciéndola tangible en el cuerpo a medida que el calor del alcohol circula con la sangre y recordando con alegría, ¿para qué la tristeza?
Tomemos cachacinha!
Y por supuesto, señoras y señores, Brasil es saudade, mi palabra-expresión favorita, aún más que el simpático tudo bem, porque los brasileños no son marcianos, también tienen tristezas y penas, no tienen membresía vitalicia en el club de la alegría, también sufren porque se desilusionan, o porque extrañan a alguien que no está cerca, pero en vez de deprimirse lo que hacen es mandarse una cachacinha, evocando esa ausencia, homenajeándola trago a trago, haciéndola tangible en el cuerpo a medida que el calor del alcohol circula con la sangre y recordando con alegría, ¿para qué la tristeza?
Tomemos cachacinha!


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